Diario de una escritora

12 de enero de 2026

Ha sido una chispa la que ha encendido las ganas.

Un regalo con un viaje soñado desde niña y cientos de ideas latentes que no sabía que guardaba dentro. Fantasías mezcladas con atisbos de realidad que ni siquiera sé si son ciertos, pero da igual porque son el combustible que enciende el fuego. El pasado antiguo me fascina, ese en el que los rituales estaban unidos a la naturaleza y en el que los misterios susurraban palabras comprensibles solo para aquellos que se detenían a escucharlos. Sin embargo, nunca me he atrevido a coger estas visiones y darles forma de historia. Soy consciente de que tengo temas que me encantan y yo misma me los prohíbo, como si el miedo me cantara muy bajito al oído que, «mejor así», porque nunca se puede fracasar cuando algo está fuera de tu alcance.

Pero, de repente, ocurre. Abro la puerta a una nueva posibilidad y, al momento siguiente, me doy cuenta de que es imposible cerrar la brecha que yo misma he creado.

Entonces todo empieza a colarse por ahí: imágenes, escenas, personajes, frases, conflictos y un mundo precioso por construir a su alrededor. Llega disperso, como si solo fuera capaz de ver partes aisladas de un mapa en el que todo está conectado, pero yo justo estoy empezando a desplegarlo. Para mí, pese a haberlo vivido decenas de veces, es el momento más irracional del proceso de creación. No sé cómo funciona ni por qué ocurre, pero siento que empiezo a descargar partes de una historia que parece que ya existe en algún lugar. Aquí no pienso demasiado en lo que quiero contar, sino que simplemente dejo que mi mente haga sus conexiones y me vaya contando lo que guarda dentro.

Y sonrío y me sorprendo y dudo y me preocupo, porque demasiado a menudo no sé cómo conectar todo lo que sale, pero yo sigo escribiendo a mano sin atender demasiado a la razón, porque este no es el momento de ponerle límites a la imaginación.

Sé que he encontrado una historia que realmente quiero contar cuando noto una fuerte conexión interna con ella, cuando noto que algo me empuja a romper del todo la brecha para que la información caiga más deprisa. También porque la ansiedad aparece. La ansiedad por saber más, por conectar y dar sentido a lo que ahora solo es un galimatías de ilusiones, por darle nombre y rostro a los protagonistas, por empezar a hilar una trama que sea tan resistente que me permita sostenerme incluso cuando lleguen los momentos de incertidumbre, de miedo y de no saber cómo avanzar.

Si bien empiezo a sentir que esta podría ser mi siguiente historia para contar, todavía me contengo. Necesito asegurarme de que tiene potencial, de que seré capaz de sostenerla en el tiempo, de que conecto tanto con ella, que querré llegar hasta el final, cueste lo que cueste.

He aprendido que, en mi proceso, necesito dejar que mi oleaje interno remueva las emociones, las ideas y las ganas para saber si el proyecto podrá resistir todas las mareas. Ahora ya no tengo alternativa. Debo dejar salir la historia y permitir que el agua lo inunde todo. Solo así sabré si ha llegado el momento de volver a ponerme a escribir.

Arya S. Winter

¡Bienvenidos a mi blog! Soy Arya S. Winter, escribo historias con amores, aventuras y misterios imposibles y este es mi diario íntimo de escritura en la que comparto mi proceso creativo contigo. Sígueme en mis redes sociales o en mi blog para conocer mis novelas y cómo las escribo 🙂